abril 12, 2021

La Entrevista con la Historia.

 

Por Luis Macías

Es un hachazo. Qué duda cabe. No se trató de un conflicto laboral sino de un acto deliberado por cerrar un espacio de libertad de expresión y periodismo. 

MVS podrá, a partir de ello, construir cualquier tipo de narrativa para justificarse, pero en el fondo de todo lo que se ve es una vendetta en contra de Aristegui. 

 

La crisis mexicana es agua hirviendo: las instituciones de gobierno y políticas, se sostienen sobre cimientos perforados por la corrupción, que es un sistema dentro del sistema. 

Los niveles de inseguridad, violencia e impunidad alcanzan niveles históricos que hacen que la población se sienta dejada a su suerte, inerme frente a la realidad. 

La situación económica no sólo no mejora, lo que confirma una tendencia de más de dos décadas, sino que además se construyen condiciones que ahondarán las desigualdades y profundizarán las diferencias. 

En ese contexto de turbiedad, Aristegui ha hecho su trabajo. Revelando. Cuestionando. Haciendo preguntas. Imponiendo la ética crítica en una actividad que usualmente es demolida en todos sus frentes por el plomo o la plata.

En el prólogo de su fabuloso libro “Entrevista con la Historia”, Oriana Fallaci reflexiona sobre el poder y el antipoder. 

Dice: “la desobediencia ante los prepotentes la he considerado siempre como el único modo de usar el milagro de haber nacido. El silencio de los que no reaccionan e incluso aplauden, lo he considerado siempre como la muerte verdadera de una mujer o de un hombre.

Luego, Fallaci cuenta que el más “bello monumento de la dignidad humana es el que vi sobre una colina del Peloponeso. No era una estatua, no era una bandera, sino tres letras que en griego significan NO. 

Hombres sedientos de libertad la habían escrito entre los árboles durante la ocupación nazifascista y, durante 30 años, aquel NO había estado allí, sin desteñirse con la lluvia o el sol. 

Después, los coroneles lo hicieron borrar con una capa de cal. Pero, enseguida, casi por sortilegio, la lluvia y el sol disolvieron la cal. Así que, día tras día, el NO reaparecía, terco, desesperado, indeleble”. 

Fallaci cierra el prólogo de su libro pidiendo al lector que lo lea teniendo en cuenta ese NO. 

Ahora podemos decir lo mismo. Decir que el caso Aristegui es la cal que un grupo de coroneles echa sobre un NO. Uno que a pesar de ello, reaparecerá terco, desesperado e indeleble, sobre nuestras propias colinas del Peloponeso.

 

         

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