abril 16, 2021

Todo cambia para seguir igual.

 

Por Luis Macías

Para el sistema político mexicano toda elección es importante. Pero la del Estado de México lo es más. 

Lo es por el volumen de su padrón electoral que aún es el más grande del país por entidad federativa. 

Lo es por estar en la región centro de México, lo que tiene implicaciones importantes en materia social y económica. 

 

Lo es también por registrar una conformación de ciudadanos con raíces en prácticamente todos los estados de la República. 

También por representar una zona de potencia económica significativa y conformación plural de sus estratos y segmentos. 

También por tratarse de la entidad de origen del presidente en turno y una de las pocas del país que nunca han tenido un gobierno estatal distinto al PRI. 

Es un laboratorio perfecto. Lo es para conocer hasta donde se puede estirar la nueva legislación electoral y sus instituciones. 

Es previsible que durante estos comicios federales y locales, se observe nuevamente una máxima mercantilización de la política, con la compra, la venta y la subasta de todos los elementos que se implican en una elección. 

Además el territorio mexiquense también podrá aportar información sobre las consecuencias en el electorado del ejercicio del gobierno estatal y federal, de cada uno de los locales, de las crisis políticas de los partidos y de sucesos específicos como Ayotzinapa y los escándalos de corrupción de personajes e instituciones. 

Es un buen laboratorio que le toma el pulso a la nación. Con un electorado al que, además, nuevamente se le impondrán los candidatos, decididos sin ambages a través de las élites gubernamentales y partidistas. 

Así, en el 2015 todo ha cambiado para seguir igual que como era, por lo que no hay razones para esperar ningún tipo de sorpresa en los resultados. A penas, se dice, pequeñas variaciones, mínimas, que difícilmente se detectarían sin el uso de finos instrumentos para detectar temblores. 

De esta forma, lo que se espera que ocurra en el laboratorio mexiquense es lo que ha ocurrido ya en la pasada elección, y en la pasada, y en la pasada. 

Hay aquí un gobierno priísta que teje con el cuidado de una araña, y hay aquí también, una oposición debilitada, muchas veces corrompida, que recibe privilegios notables sin esfuerzo o sacrificio dentro de la burocracia política. 

Es posible que lo más interesante que se puede esperar de esta elección, es la forma en la que el ciudadano orientara su protesta. Algunos lo harán votando, pero es de esperar que la mayoría lo hará con su abstención. Justo como en el pasado proceso, y legales pero no legítimos, está “democracia representativa” estará allí nuevamente sólo para representarse a sí misma.

 

         

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